Anécdotas callejeras

La foto de este post tocando en el Templo de Debod es de Nagore Agirre, una chica que se acercó después de cantar “Tú y yo” y me pidió mi información de contacto citando el estribillo de la canción “que alguien pare el tiempo, me retan los espejos, no quiero madurar”. Dijo algo como “tú has pedido que alguien pare el tiempo y yo te pido tus datos”. Hay gente con mucha clase por los parques de Madrid.

Unos días más tarde tuvo la amabilidad de enviarme esta foto y me ha parecido una buena oportunidad para recordar anécdotas callejeras, antes de que se me borren del disco duro de la cabeza con todo lo que me está pasando en el “Street Tour 2011″. Allá vamos:

Tocar en cuevas
Un tipo se acercó en Colmar (Francia), me explicó que organizaba conciertos en cuevas en Alemania y que si me animaba a tocar allí, nunca llegué hasta su zona de Alemania esa vez, hubiese sido divertido y guardo su tarjeta por si acaso paso alguna vez…

Me han echado
Más de una y más de dos veces, quizá la más divertida fue una vez en Oviedo. Un policía muy respetuoso me dijo que parase cuando acabara la canción que estaba tocando y, cuando le pregunté si me podría poner en otro lugar, me dijo que por supuesto, en cualquier otro lugar que no fuese al lado del ayuntamiento cuando estaban celebrando un pleno… Esa miopía…

Me han reconocido
Una tarde tocando en Burgos, una pareja se acercó y me preguntó si era Daniel Hare, que habían reconocido mi voz cuando bajaban por la calle. Nunca nunca nunca me ha pasado esto, ni creo que vuelva a pasar.
Resulta que Conchi y Ricardo (que así se llaman) me recordaban del concurso de cantautores en Burgos de 1998 que gané y como agradecimiento repartí una maquetilla grabada en mi baño. Me hizo muchísima ilusión, ellos también cantan así que qué mejor manera de celebrar el reencuentro que cantarnos unas canciones, y así hicimos. Conchi y Ricardo si me leéis, desde aquí un abrazo inmenso.

Tocar en bares
De vez en cuando hay alguien que me quiere “sacar de las calles”, cosa que se agradece. Quizá la más divertida fue en Nafplio (Grecia) en la que me pidieron si podía tocar a la noche siguiente en un café y como no podía (cogía un avión al día siguiente) me pagaron por seguir tocando esa noche en la puerta de su bar para atraer al público.

Regalos en el estuche de la guitarra
Me han dado botellas de vino, latas de cerveza (frías :D ), monedas de otros países (supongo que hay gente que lo ve como una buena manera de deshacerse del cambio o quieren aportar algo y no tienen la moneda del país).
Una vez unos niños en un pueblo de Galicia me cedieron sus gusanitos y los dejaron en la funda haciendo un gesto de ofrenda a lo “te entregamos nuestro bien más preciado”. Gracias, esas cosas emocionan.

Y hasta aquí el primer recuento, en cuanto tenga hueco cuento las últimas que mi acceso a internet está limitado…

Un abrazo,

Hare