Día 2: Valencia y las incoherencias

Habiendo pasado por Cuenca para darle una alegría al Pater y tocar junto a las Casas Colgadas, pensamos que era una buena idea seguir hasta Valencia e ir recorriendo la costa hacia arriba.

Había tocado en la Plaza de la Virgen por recomendación de los majetes y vocales Melomans hacía unas tres semanas. Había sido muy divertido con la gente uniéndose a cantar.

Siempre hay cierta preocupación cuando me pongo a tocar en un sitio nuevo. Primero por no querer molestar y luego porque casi siempre desconozco cuál es la legislación sobre tocar en la calle.
Cuando toqué anteriormente en Valencia, pregunté a un policía que pasó cuando empezaba a recoger, y me respondió con un “a mí que me cuentas, tengo cosas más importantes que hacer”. Bien.
Este día cuando montaba mis bártulos vi a una pareja de policías municipales en la entrada de un portal cerca. Supuse que estaban ahí para otros asuntos, así que no quise importunarles.

Cuando ya había montado casi todo se acercaron y me preguntaron si me disponía a tocar allí. “Así es” dije con la mejor de mis sonrisas. Me miraron con esa mirada que se debe aprender en la academia, la tienen todos, y me dijo “No, usted no puede tocar aquí”.

Me disculpé por no haberles preguntado antes, pero supongo que me salió un poco guasón el decirles “perdonen por no haber preguntado, creí que estaban aquí para cosas más importantes”. Enseguida me di cuenta de que acababa de ganarme dos amigos de por vida.

“¿Encima con segundas?” (ya empezaba a pensar en los calabozos valencianos) “No, no, perdone, es que eso fue exactamente lo que me dijo un compañero suyo hace unos días cuando estuve tocando aquí y le pregunté, y pensaba que no había cambiado la normativa.”

La cosa se fue relajando. Me preguntaron si tenía otro oficio y les conté mi historia de cambio de vida ingenieril y empresarial, lo que les relajó más. De hecho, me interrumpieron varias veces para preguntar cómo viajaba, con quién y sobre todo, cuánto ganaba tocando, “mucho menos que antes, se lo aseguro, pero ése no es el fin”

El problema es que no suele haber una normativa sobre la música en la calle o, si la hay, es demasiado restrictiva o se requieren licencias que son prácticamente imposibles de conseguir en poco tiempo. Pero la mayoría de las veces depende del humor del policía de turno y del nivel del intérprete.

Tengo una teoría un poco rara sobre este tema:

Si:

  • Ya estás tocando
  • “Pareces limpio”, como dirían en mi pueblo
  • El nivel es aceptable y no repites constantemente canciones (Ej. mucho acordeonista suelto por ahí)
  • El volumen no es muy alto (véase el tipo descrito en la línea anterior)
  • No tocas durante mucho tiempo (véase el tipo descrito en las dos líneas anteriores)

La policía no suele significarse. A veces, hasta sonríen.
Ahora, si no has empezado a tocar, casi siempre estás perdido o a merced de cómo se sienta la autoridad local.

En este caso, una vez pasado el primer escollo por mi culpa y mi “don” de decir lo más inadecuado en el peor momento, fueron personas de lo más agradable.
Hasta se disculparon, a su manera, por pedirme que me fuera: “Ya sabe, no tenemos por qué estar de acuerdo con la ley pero hemos de hacerla cumplir”.

Les di hasta las tarjetas que llevo en la funda para cuando alguien quiere saber más de mí (Daniel Hare. Enjoying life – Playing music). En ellas viene la dirección del blog así que, si me leen, desde aquí un saludo :D

Y rumbo para arriba, próxima parada, cuando apetezca parar.

Un abrazo,

Hare

PD. Como evidentemente no hay foto cantando, aquí va la del comienzo del día. Contento e ignorante en la playa de El Saler